Hace frío. Anoche granizó sobre Santiago. Justo yo venía saliendo de un round con Mrs. Migraña. Hacía un par de años que no tenia uno así de terrible. Me contaron que deliré, que me levanté de la cama llorando y blasfemando, que tomé mis cosas para irme de donde estaba mientras me tambaleaba por el pasillo como una ebria. Cuando desperté tenía una bolsa de verduras congeladas en la cabeza.
Recuerdo varios episodios espantosos con Migraña, con vómitos y fotofobia incluidos. No recuerdo haber delirado antes, pero sí haber perdido la noción espacial. Cada vez que llega imagino mi Vida futura con ella y el pánico supera al dolor. "No puede ser, no puede ser" pienso cada vez que me imagino vieja, tal vez con hijos que crecen viéndome enferma en cama, crecen con la creencia arraigada de que a ellos también les pasará, y que no podrán hacer nada por evitarlo, como yo no puedo hacer nada. Me imagino siempre con alguien que cariñosamente me cuida, pero cuya presencia me hace sentir inválida. Internamente, en esos momentos me siento sola, nadie puede aliviarme, nadie puede hacer o decir algo que me ayude, nada de lo que hagan es suficiente, y nadie puede atisbar siquiera lo que siento.
No sé porque Migraña me visita. Soy una persona sana, pocas veces enfermo y cuando sucede no suele durar. No tengo vicios, no me alimento mal. Soy cascarrabias, sí, y poco tolerante. Pero soy buena persona, no pienso en hacerle mal a nadie. No tengo traumas, al menos no significativos. Es cierto que ahora viene menos seguido, y con menos síntomas que antes, cuando era adolescente. Ya no hay náuseas ni vómitos, ya no hay tanta fotofobia, el ruido me molesta menos que antes. Ahora sólo es dolor, terrible y duradero, pero sólo dolor. Pero es puntual e implacable: una vez al mes, coincidiendo con mi período, me ataca y me desarma. Y yo que me enorgullecía de no ser la típica mujercita debilucha que no puede ir al trabajo cada vez que está con la regla. No tengo nada contra la menstruación, me recuerda mi condición de ser fértil, de hembra, de mujer viva. ¿Porqué entonces Migraña me castiga en esa oportunidad de conexión con mi femeneidad? ¿porqué esa furia arrasadora en un momento que debiera ser de calma y calidez?
No la quiero, mi Vida debe estar excenta de un dolor recurrente. No quiero que mute, como lo ha hecho hasta ahora. Quiero que desaparezca, no que disminuya, si no que se vaya para siempre.
sábado, 22 de mayo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
Anclas.
Quiero enterrar mi violencia,
despojarla de mí
con el cuchillo que lleva tu imagen
y que con un suspiro agónico
se desvanezca por siempre
en las tinieblas que hoy abandono.
Que mi locura
no se convierta en demencia
que mi sangre
pueda sentir crecer
tu piel infatigable.
Levar el ancla de mi infancia
Matar a mi hermano muerto
matarlo, matarlo, matarlo.
Constrúyeme
Marchita con tus manos
mi odio incomprensible.
Se me caen mil bandadas
de pájaros al mirarte
Se me rompen todos los castillos
Se diluyen mis escritos
en tu tinta ocre
y me desmayo de pavor
porque las gargantas
ya no emanan flores
si no puñales.
Soy terrible
se esconden de mí los angelitos
Se burlan las mujeres dulces
de mi brutal torpeza
y los asesinos me saludan
tirándome besos
que flotan de sus manos.
¡Quiéreme!
te ordeno belicosa
¡Quiéranme!
les grito a mis padres
que me miran mudos
con los brazos caídos
con los grilletes ondeando
desde sus muñecas
con la baba colgando
por su niñita
tan bonita su niñita
madraza de dos niños muertos
hija de su hermano muerto
esposa de su hermano Sol
esposa de su hermano Jade
esposa de su hermano Violín
Autómata
con corazón de relojería
con tripas de dragón
con faroles en la frente
tantos faroles
que me tapan los ojos.
despojarla de mí
con el cuchillo que lleva tu imagen
y que con un suspiro agónico
se desvanezca por siempre
en las tinieblas que hoy abandono.
Que mi locura
no se convierta en demencia
que mi sangre
pueda sentir crecer
tu piel infatigable.
Levar el ancla de mi infancia
Matar a mi hermano muerto
matarlo, matarlo, matarlo.
Constrúyeme
Marchita con tus manos
mi odio incomprensible.
Se me caen mil bandadas
de pájaros al mirarte
Se me rompen todos los castillos
Se diluyen mis escritos
en tu tinta ocre
y me desmayo de pavor
porque las gargantas
ya no emanan flores
si no puñales.
Soy terrible
se esconden de mí los angelitos
Se burlan las mujeres dulces
de mi brutal torpeza
y los asesinos me saludan
tirándome besos
que flotan de sus manos.
¡Quiéreme!
te ordeno belicosa
¡Quiéranme!
les grito a mis padres
que me miran mudos
con los brazos caídos
con los grilletes ondeando
desde sus muñecas
con la baba colgando
por su niñita
tan bonita su niñita
madraza de dos niños muertos
hija de su hermano muerto
esposa de su hermano Sol
esposa de su hermano Jade
esposa de su hermano Violín
Autómata
con corazón de relojería
con tripas de dragón
con faroles en la frente
tantos faroles
que me tapan los ojos.
martes, 16 de marzo de 2010
Hermoso!!!
Un experimento que vale la pena realizar. Es bellísimo, la prueba de que existen ángeles entre nosotros.
¿Vieron el minuto 5:37? Esa es la cara de la satisfacción, de la apacible alegría.
Salud!!!
¿Vieron el minuto 5:37? Esa es la cara de la satisfacción, de la apacible alegría.
Salud!!!
lunes, 1 de marzo de 2010
Terremoto en Chile.
Supe sin dudar que no era un simple temblor. Soñaba en ese momento con un sonido sordo e inquietante, mi madre me miraba con extrañeza. De pronto una voz masculina dijo con firmeza: "Demasiado rato. ¡ Despiertate !". Abrí los ojos y me levanté de un salto, al tiempo que le decía a Jose Manuel "¡ Amor, terremoto !". Salimos semi desnudos al pasillo, en ese momento se cortó la luz y Jose buscó su linterna. En segundos estábamos bajo el dintel de la puerta del patio. Él me abrazaba por la espalda, yo me aferraba al marco de la puerta que se movía entre mis manos como si fuera de goma. Los parlantes del equipo de música caían estruendosamente de la repisa, y solo atendíamos al sonido de las cosas cayendo en el taller, el tintineo de la casa entera, el murmullo sordo de la tierra. A un lado, el patio con el árbol enloquecido pero firmemente arraigado; al otro, la casa a oscuras. ¿Cuanto durará? Ya debe estar por pasar, ya va a pasar, ya va a pasar.
Y pasó. Las piernas me temblaban, le pasé una polera al Jose, y yo me terminé de vestir. Tome mi teléfono celular que tiene una pequeña linterna, mientras él se comunicaba con sus papás. Eran las 3:35 de la madrugada. Las lineas de red fija funcionaban más o menos bien, las de celular no. Mientras Jose Manuel revisaba los daños en el taller yo trataba de llamar a mi madre. No contestaban. Comencé a desesperarme. Oí que Jose me decía que el techo en el taller estaba por venirse abajo. Golpearon la puerta, era uno de los alumnos del Jose, con su novia. Venían asustados, pero tranquilos. Yo seguía llamando a mi mamá, y comencé a sentir náuseas. Se escuchaban sirenas y alarmas y logramos sintonizar una radio por el celular del Jose. Decían que había que juntar agua y no salir a la calle, pero yo necesitaba saber que había pasado en casa de mi vieja. Decidí ir para allá, así que agarré toda la plata que tenía, mi teléfono y mi chaqueta, Jose Manuel no soltó su linterna, agarró sus cosas y salimos. En el camino vimos a la gente en la calle, en las puertas de sus casas, una cantidad de autos similar a la de una mañana laboral cualquiera. No parecía que hubiese pasado nada grave, había algunos escombros, carteles de tiendas caídos, mucha gente tratando de hablar por teléfono pero nadie desesperado. De pronto vimos el auto de mis viejos yendo en dirección a casa de Jose Manuel. Gritamos y corrimos, pararon en una esquina y pudimos alcanzarlos. Dieron la media vuelta y nos encontramos. Mi mamá me abrazó, no tenían línea en casa y habían decidido lo mismo que nosotros. Nos subimos a la camioneta y nos fuimos con ellos. En la casa se había roto el parrón y el escritorio de Luis Felipe se había dado vuelta por completo. Habían caído los libros de la estantería de su habitación y en mi cuarto las cosas se habían corrido hacia el centro. Nada más. Eso fue todo, no pasó nada. Ridículamente creí que no había sido grave, no pensé que el epicentro hubiese sido en otro lugar, no pensé que el mar se hubiese enfurecido, no pensé que todo el país no había corrido la misma suerte.
Cuando volvió la luz encendimos la tele. La presidenta hablaba desde la oficina nacional de emergencias: El sur estaba devastado. Hoy, dos dias después hay confirmados 711 muertos.
Sufrimos un terremoto grado 8.8 Richter y un tsunami, Peyuhue desapareció del mapa, la isla Juan Fernández quedó desecha al igual que Iloca, se cortaron las carreteras principales, se cayeron los puentes sobre los ríos, se desmoronó un edificio nuevo de 15 pisos y muchas casas antiguas de adobe. En Talca hay 3 hospitales de campaña, y otros cuantos en otras ciudades, se cortó el suministro de agua y se produjeron saqueos y asaltos. En 3 minutos algunas personas perdieron lo que les había costado una vida conseguir.
Y pasó. Las piernas me temblaban, le pasé una polera al Jose, y yo me terminé de vestir. Tome mi teléfono celular que tiene una pequeña linterna, mientras él se comunicaba con sus papás. Eran las 3:35 de la madrugada. Las lineas de red fija funcionaban más o menos bien, las de celular no. Mientras Jose Manuel revisaba los daños en el taller yo trataba de llamar a mi madre. No contestaban. Comencé a desesperarme. Oí que Jose me decía que el techo en el taller estaba por venirse abajo. Golpearon la puerta, era uno de los alumnos del Jose, con su novia. Venían asustados, pero tranquilos. Yo seguía llamando a mi mamá, y comencé a sentir náuseas. Se escuchaban sirenas y alarmas y logramos sintonizar una radio por el celular del Jose. Decían que había que juntar agua y no salir a la calle, pero yo necesitaba saber que había pasado en casa de mi vieja. Decidí ir para allá, así que agarré toda la plata que tenía, mi teléfono y mi chaqueta, Jose Manuel no soltó su linterna, agarró sus cosas y salimos. En el camino vimos a la gente en la calle, en las puertas de sus casas, una cantidad de autos similar a la de una mañana laboral cualquiera. No parecía que hubiese pasado nada grave, había algunos escombros, carteles de tiendas caídos, mucha gente tratando de hablar por teléfono pero nadie desesperado. De pronto vimos el auto de mis viejos yendo en dirección a casa de Jose Manuel. Gritamos y corrimos, pararon en una esquina y pudimos alcanzarlos. Dieron la media vuelta y nos encontramos. Mi mamá me abrazó, no tenían línea en casa y habían decidido lo mismo que nosotros. Nos subimos a la camioneta y nos fuimos con ellos. En la casa se había roto el parrón y el escritorio de Luis Felipe se había dado vuelta por completo. Habían caído los libros de la estantería de su habitación y en mi cuarto las cosas se habían corrido hacia el centro. Nada más. Eso fue todo, no pasó nada. Ridículamente creí que no había sido grave, no pensé que el epicentro hubiese sido en otro lugar, no pensé que el mar se hubiese enfurecido, no pensé que todo el país no había corrido la misma suerte.
Cuando volvió la luz encendimos la tele. La presidenta hablaba desde la oficina nacional de emergencias: El sur estaba devastado. Hoy, dos dias después hay confirmados 711 muertos.
Sufrimos un terremoto grado 8.8 Richter y un tsunami, Peyuhue desapareció del mapa, la isla Juan Fernández quedó desecha al igual que Iloca, se cortaron las carreteras principales, se cayeron los puentes sobre los ríos, se desmoronó un edificio nuevo de 15 pisos y muchas casas antiguas de adobe. En Talca hay 3 hospitales de campaña, y otros cuantos en otras ciudades, se cortó el suministro de agua y se produjeron saqueos y asaltos. En 3 minutos algunas personas perdieron lo que les había costado una vida conseguir.
lunes, 18 de enero de 2010
Comentarios sobre el triunfo de la Derecha.
En mi país la gente eligió a un presidente de derecha. Francamente no me preocupa tanto esto, porque no soy de los que creen que con ellos las cosas irán peor que con los que estaban antes. De hecho, creo que no será muy diferente.
Lo que me preocupa realmente son otras cosas, que hablan más de la idiosincracia de un pueblo que yo creía potente, valiente, aguerrido, y que ha demostrado ser cobarde aunque no por ello menos violento, egoísta, estúpido.
En este último tiempo he escuchado argumentos del estilo "A mí me da lo mismo porque a mí no me afecta." O "Yo creo que Piñera lo hará mejor que la Concertación porque si lo hace mal la derecha no vuelve a salir nunca más."
Este tipo de comentarios me hacen parar los pelos. Sin ser una persona instruída en política, me sorprende darme cuanta que la elección de un representante esté tan supeditada a lo que "a mí me conviene" y no a lo que nos conviene como país. Y me sorprende aún más cuando descubro las prioridades de mis coterráneos con respecto a las necesidades de un pueblo.
Con esto me refiero, primero, a la ceguera con que se miran las condiciones en las que vivimos en Chile, condiciones que son vergonzosas y que podrían por muchísimo ser mejores, por ejemplo con un sistema de salud que fuera de verdad pensado para que todos pudieran ser atendidos de forma digna(1). Ese sistema (por citar solo una parte) nos afecta a todos, con lo que el egoísta argumento de "A mi no me importa porque a mí no me toca" pierde validez (si es que en algún momento la tuvo.).
En segundo lugar, con respecto a las prioridades que se esgrimen a la hora de elegir presidente, confieso mi total incomprensión al observar cómo se ponen en un lado de la balanza la luminaria de las calles, los horarios de cierre de los bares, el número de efectivos policiales y las sanciones a delincuentes de poca monta y en el otro lado la educación, la salud, las leyes laborales y las leyes indígenas y que pese más el primer grupo.
Tomando como ejemplo el tema de la seguridad, mi incomprensión no radica en el desconocimiento del temor que provoca la delincuencia, si no en el conocimiento de sistemas donde ese peligro se erradicó de formas muy distintas a las planteadas por los políticos de mi país, pudiendo dedicar la energía que aquí se invierte en combatir la inseguridad de manera totalmente fútil, en generar mejores condiciones de vida para las personas. Un ejemplo clarísimo de esto es Holanda, con sus políticas que podrían considerarse "libertinas" pero que han conseguido disminuír notablemente la delincuencia, el consumo de pornografía y hasta las enfermedades venéreas, gracias a sistemas regulados de consumo responsable de drogas, protitución normada por sanidad, y por supuesto, sueldos un poco más equitativos y educación pública y de calidad para todos al menos hasta los 16 años (2).
Algunos argumentarán que es más facil para países europeos que cuentan con la mitad de la población que tenemos nosotros, pero mi reflexion apunta al aprendizaje de las soluciones implementadas en países que tienen mejor calidad de vida, sobre todo teniendo en cuenta que en Chile siempre estamos haciendo (falso) alarde de estar entre los países desarrollados del mundo. Inspirarse en las medidas aplicadas en otros lugares no significa tener que emular un modelo que nuestras diferencias de poblacion no permitan implementar. Inspiración es inspiración, no copia ni plagio.
En fin, tal vez este asunto tenga de bueno que la gente se dé cuenta que la cosa no es elegir a uno que promete más, dejandole la responsabilidad de velar por nosotros, pobres ciudadanos impotentes, si no que cuando se quiere algo hay que exigirlo, no mascullando entre dientes en el trabajo o echándole la caballería encima a la panadera o el chofer del bus, sino haciendo algo que realmente se escuche, muchos al mismo tiempo, de forma organizada pero no violenta, algo que les mueva su pequeño trono de mandamases tercermundistas.
Lo que me preocupa realmente son otras cosas, que hablan más de la idiosincracia de un pueblo que yo creía potente, valiente, aguerrido, y que ha demostrado ser cobarde aunque no por ello menos violento, egoísta, estúpido.
En este último tiempo he escuchado argumentos del estilo "A mí me da lo mismo porque a mí no me afecta." O "Yo creo que Piñera lo hará mejor que la Concertación porque si lo hace mal la derecha no vuelve a salir nunca más."
Este tipo de comentarios me hacen parar los pelos. Sin ser una persona instruída en política, me sorprende darme cuanta que la elección de un representante esté tan supeditada a lo que "a mí me conviene" y no a lo que nos conviene como país. Y me sorprende aún más cuando descubro las prioridades de mis coterráneos con respecto a las necesidades de un pueblo.
Con esto me refiero, primero, a la ceguera con que se miran las condiciones en las que vivimos en Chile, condiciones que son vergonzosas y que podrían por muchísimo ser mejores, por ejemplo con un sistema de salud que fuera de verdad pensado para que todos pudieran ser atendidos de forma digna(1). Ese sistema (por citar solo una parte) nos afecta a todos, con lo que el egoísta argumento de "A mi no me importa porque a mí no me toca" pierde validez (si es que en algún momento la tuvo.).
En segundo lugar, con respecto a las prioridades que se esgrimen a la hora de elegir presidente, confieso mi total incomprensión al observar cómo se ponen en un lado de la balanza la luminaria de las calles, los horarios de cierre de los bares, el número de efectivos policiales y las sanciones a delincuentes de poca monta y en el otro lado la educación, la salud, las leyes laborales y las leyes indígenas y que pese más el primer grupo.
Tomando como ejemplo el tema de la seguridad, mi incomprensión no radica en el desconocimiento del temor que provoca la delincuencia, si no en el conocimiento de sistemas donde ese peligro se erradicó de formas muy distintas a las planteadas por los políticos de mi país, pudiendo dedicar la energía que aquí se invierte en combatir la inseguridad de manera totalmente fútil, en generar mejores condiciones de vida para las personas. Un ejemplo clarísimo de esto es Holanda, con sus políticas que podrían considerarse "libertinas" pero que han conseguido disminuír notablemente la delincuencia, el consumo de pornografía y hasta las enfermedades venéreas, gracias a sistemas regulados de consumo responsable de drogas, protitución normada por sanidad, y por supuesto, sueldos un poco más equitativos y educación pública y de calidad para todos al menos hasta los 16 años (2).
Algunos argumentarán que es más facil para países europeos que cuentan con la mitad de la población que tenemos nosotros, pero mi reflexion apunta al aprendizaje de las soluciones implementadas en países que tienen mejor calidad de vida, sobre todo teniendo en cuenta que en Chile siempre estamos haciendo (falso) alarde de estar entre los países desarrollados del mundo. Inspirarse en las medidas aplicadas en otros lugares no significa tener que emular un modelo que nuestras diferencias de poblacion no permitan implementar. Inspiración es inspiración, no copia ni plagio.
En fin, tal vez este asunto tenga de bueno que la gente se dé cuenta que la cosa no es elegir a uno que promete más, dejandole la responsabilidad de velar por nosotros, pobres ciudadanos impotentes, si no que cuando se quiere algo hay que exigirlo, no mascullando entre dientes en el trabajo o echándole la caballería encima a la panadera o el chofer del bus, sino haciendo algo que realmente se escuche, muchos al mismo tiempo, de forma organizada pero no violenta, algo que les mueva su pequeño trono de mandamases tercermundistas.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
La Vida y el Viento.
Y si por un instante
los cangrejos se callaran
y me dejaran conciliar
este sueño errático
Si pudiera oír los violines
el agua entre las piedras
los bosques de mi pelo
las arañas y los ciervos
y este torrente ígneo
que intuyo dentro mío
No existiría idea que me pegara al suelo
me bañaría en mi propia leche
de lo fecundo de mis signos
de mi boca nacerían hadas
de mis manos caerían mundos
de mi padre crecerían soles
de mi madre encontraría el rastro
trocaría los ídolos por cristales
sazonaría los embrujos con hinojo
me partiría los huesos
y me colaría bajo los portones
como los gatos
para mirar bajo la falda de la Vida
y robarle un trocito
una pluma aunque sea
una hoja
o una mota
una hilacha del vestido
una hierba de su monte
una brizna de su nombre
magnífico nombre por el que vale la pena nacer
o haber nacido
Los canallas se morderían los labios
en mi cuerpo crecerían duraznos
me llenaría de saltamontes y grillos
y posiblemente el Viento
renacería de entre sus cenizas
y me dictaría los poemas
que todavía le llenan la boca.
los cangrejos se callaran
y me dejaran conciliar
este sueño errático
Si pudiera oír los violines
el agua entre las piedras
los bosques de mi pelo
las arañas y los ciervos
y este torrente ígneo
que intuyo dentro mío
No existiría idea que me pegara al suelo
me bañaría en mi propia leche
de lo fecundo de mis signos
de mi boca nacerían hadas
de mis manos caerían mundos
de mi padre crecerían soles
de mi madre encontraría el rastro
trocaría los ídolos por cristales
sazonaría los embrujos con hinojo
me partiría los huesos
y me colaría bajo los portones
como los gatos
para mirar bajo la falda de la Vida
y robarle un trocito
una pluma aunque sea
una hoja
o una mota
una hilacha del vestido
una hierba de su monte
una brizna de su nombre
magnífico nombre por el que vale la pena nacer
o haber nacido
Los canallas se morderían los labios
en mi cuerpo crecerían duraznos
me llenaría de saltamontes y grillos
y posiblemente el Viento
renacería de entre sus cenizas
y me dictaría los poemas
que todavía le llenan la boca.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Charlotte.
Charlotte fue la protagonista de algunos de mis cuentos de adolescente, mi compañera en momentos de tristeza, mi amiga a la que tanto me gustaba acariciar. Le decíamos "La Gata Sanadora" porque se acercaba a masajear la zona adolorida cuando estábamos enfermos, fuera de salud o de pena.
Gran cazadora de palomas, lagartijas y una caturra, madre celosa de tres camadas, amante de la sombra de los árboles y las briznas de pasto de nuestro jardín. La señorita más educada del salón, la unica mascota conquistadora del amor de mi hermano Mauricio.
Testigo de los carretes en mi cuarto azul de la época del colegio, a los que llegaba con toda la calma del mundo como una partícipe más. Sigilosa al punto de abrir la boca sin emitir maullido alguno, dulce en su voz cuando por fín decidía alzarla.
Lectora incansable de los libros que disfrutábamos metidos en la cama durante los días de invierno.

Jamás escatimó en arrumacos, pero elegía con total soberanía la habitación en la que dormiría cada noche. Carabina inflexible de algún novio que me visitó en ausencia de mis padres, intérprete perfecta del "español-gatuno, gatuno-español".
Llegó a casa por opción propia, cuando aún era una cachorra. Y no solo se quedó, sino que se mudó 3 veces junto a la familia, tomándose religiosamente su primer día en cada casa nueva para conocer los techos (y a los vecinos) de su recién estrenada residencia.
Así la vimos crecer, pasar por el trance de la esterilización con liposucción incluída, empezar a perder los dientes (pero jamás la jovialidad) engordar y volverse una Señora Gata, juguetear y remolonear a piacere, y envejecer de pronto, como envejece una flor que un dia deja de ser regada.
Siempre fue saludable, pero enfermó de una semana a otra hace un par de meses. Dejó de comer y comenzó a despedirse. Como una vieja camarada con la que has compartido tus más íntimos secretos, se dejaba acariciar en su zona más enferma. Estrujó su dominio sobre el jardín y los sillones hasta el último momento en que una noche, mientras dormía, dejó de respirar.
Aún al levantarnos creemos ver su figura apareciendo sigilosa en la puerta de la cocina, pidiendo su desayuno como era su costumbre.
Adios amigaza preciosa. Que un mullido sillón en medio del jardín más frondoso te espere por esos lados que conoces ahora.
Gran cazadora de palomas, lagartijas y una caturra, madre celosa de tres camadas, amante de la sombra de los árboles y las briznas de pasto de nuestro jardín. La señorita más educada del salón, la unica mascota conquistadora del amor de mi hermano Mauricio.
Testigo de los carretes en mi cuarto azul de la época del colegio, a los que llegaba con toda la calma del mundo como una partícipe más. Sigilosa al punto de abrir la boca sin emitir maullido alguno, dulce en su voz cuando por fín decidía alzarla.
Lectora incansable de los libros que disfrutábamos metidos en la cama durante los días de invierno.
Jamás escatimó en arrumacos, pero elegía con total soberanía la habitación en la que dormiría cada noche. Carabina inflexible de algún novio que me visitó en ausencia de mis padres, intérprete perfecta del "español-gatuno, gatuno-español".
Llegó a casa por opción propia, cuando aún era una cachorra. Y no solo se quedó, sino que se mudó 3 veces junto a la familia, tomándose religiosamente su primer día en cada casa nueva para conocer los techos (y a los vecinos) de su recién estrenada residencia.
Así la vimos crecer, pasar por el trance de la esterilización con liposucción incluída, empezar a perder los dientes (pero jamás la jovialidad) engordar y volverse una Señora Gata, juguetear y remolonear a piacere, y envejecer de pronto, como envejece una flor que un dia deja de ser regada.
Siempre fue saludable, pero enfermó de una semana a otra hace un par de meses. Dejó de comer y comenzó a despedirse. Como una vieja camarada con la que has compartido tus más íntimos secretos, se dejaba acariciar en su zona más enferma. Estrujó su dominio sobre el jardín y los sillones hasta el último momento en que una noche, mientras dormía, dejó de respirar.
Aún al levantarnos creemos ver su figura apareciendo sigilosa en la puerta de la cocina, pidiendo su desayuno como era su costumbre.
Adios amigaza preciosa. Que un mullido sillón en medio del jardín más frondoso te espere por esos lados que conoces ahora.
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