martes, 23 de abril de 2013

Sant Jordi, día del Libro y de la Rosa.

El 23 de Abril siempre me trae una alegre nostalgia. Trabajábamos toda la noche haciento flores de papel y marcadores de página mientras mi viejo arreglaba el carrito con los tablones y los caballetes, ordenaba los libros de escritores hispanoamericanos y las resmas de revistas "Neruda & companyía" que él mismo compaginaba, editaba e imprimía, además de redactar algunos textos, recopilar poemas y cuentos de buenos autores y recibir las colaboraciones de los contertulios, en un intento épico por recuperar nuestra literatura. Luego, sin dormir, nos íbamos temprano a Las Ramblas, armábamos el mesón y disponíamos los libros, las rosas y los marcadores. El día siempre era hermoso. Los catalanes tienen ese aire de antigua aristocracia al caminar, murmuran en su idioma también antiguo y, cuando les gusta un libro, nunca regatean. Las parejas se besan cuando el momento del intercambio de rosa por libro se produce. Los latinos éramos los únicos que voceábamos nuestra mercancía literaria como si fueran frutas. En días como hoy, cambiaría la montaña por la ciudad, por esa ciudad y por ese puesto de mantel verde.

Les dejo, en conmemoración al día del Libro (y de la Rosa) y de la epopeya que significaba para mí lo que mi padre hacía en esa época, un poema de un grande a otro grande, de Julio a Ernesto, de uno de los mejores escritores latinoamericanos a uno de los mejores hombres de América Latina.

YO TUVE UN HERMANO

Yo tuve un hermano
no nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.

Caminé de a ratos
cerca de su sombra
no nos vimos nunca
pero no importaba.

Mi hermano despierto
mientras yo dormía.
Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Julio Cortázar.

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