jueves, 3 de diciembre de 2009

Hombre muerto en el andén.

Hoy ví a un hombre muerto en el andén del metro.

Se había ido durmiendo poco a poco mientras el frío le entraba en los huesos y le dibujaba una sonrisa en la cara congelada.

Su sangre se había convertido en un solo bloque morado y sólido y en las manos conservaba, intacta, una mariposa viva y una carta escrita en húngaro.

Pero su corazón seguía latiendo.

Sólo entonces caí en cuenta de los 28 grados de calor, de los chicos en bermudas y las jóvenes de melenas castañas que se abanicaban con sus revistas de fotos de famosos.



El hombre del andén murió de pena, congelado por el frío que le dejó alguien que se fue o que no llegó.

Pero su muerte tenía de alegre que, con su llegada, el amor que mantenía latiendo su corazón comenzaba a ser eterno.

2 comentarios:

Chanthy dijo...

Siempre existe el frío a pesar del grado tan cálido que pueda existir en el ambiente, ayer me di cuenta que el frío llegó a mi, lo sentí recorrer mi cuerpo, después llegó la muerte y de nuevo sentí renovarme en otro plano... Más allá del que esperé encontrar en dónde conscientemente me había colocado. Quizá vi pasar al hombre muerto del andén, era como luz resplandeciente...Puede ser que reflejaba ese amor eterno que solo él supo ofrecer.

Unknown dijo...

Hello my Lady !!